Pueblos profundos de la costa chilena

Camino de la costa en busca de los mapuches… ¿qué sabíamos de ellos? que era un pueblo indígena de  la  región central de Chile que aparece en el reverso de las monedas de 100 pesos…

Así como de los Kawésqar apenas nadie ha oído hablar, los mapuches están en boca de todo el mundo en este país, y hoy más que nunca pues a tan sólo un mes de las elecciones han comenzado sus manifestaciones, el reclamo de sus derechos, de sus tierras, de la deuda histórica y, tal y como lo presentan en las noticias, de una forma no muy pacífica. Entre todo este revuelo, queríamos acercarnos a alguna comunidad para conocerla de cerca, y fue así como trazamos la ruta.

Nos hablaron de Mehuín  donde cruzamos a la isla Misisipi en canoa en la que viven varias familias mapuche, pero excepto pintadas en torno a lema “Aguante mapuche” no pudimos entablar ninguna relación.

Una vez en Temuco descubrimos la comunidad Weche Ruca, que significa casa del hombre nuevo, y entre verdes pastos y vacas, topamos con Irene, la mujer que nos dio a conocer otro punto de vista de esta población. Sentados en el interior de una ruca nos contó que habían sido siempre indomables, hasta cuando los españoles les intentaron conquistar, y que ahora los chilenos les obligaban a registrar sus tierras, a utilizar el dinero como medio de pago, a tener impuestos por sus posesiones e incluso a votar. Todo ello había condicionado indiscutiblemente su forma de vida, a la que debían adaptarse. Sin embargo remarcaba que debían seguir luchando por mantener vivas sus costumbres y conocimientos ancestrales, para lo que era necesario recuperar los terrenos que en otra época el gobierno les expropió, y así ser capaces de autoabastecerse hasta con sus propias medicinas naturales. Y en los colegios reclaman la enseñanza del idioma mapuche. Ella concretamente está a favor de este tipo de turismo para darse a conocer, aunque reconocía que algunos secretos nunca debían revelarse a extranjeros.

Quizá la mayor contradicción que encontramos es que hablan de una autonomía como la de sus antepasados, pero hoy en día son muy dependientes ya del dinero, la electricidad y el agua corriente.

Otros lugares que visitamos donde aún quedan familias mapuches son los pueblos alrededor del lago Budi (por cierto, el único lago salado de sudamérica), como Puerto Dominguez y sus islas; en Tirúa y Cañete el conflicto se encuentra más vivo, aunque a nuestro paso no presenciamos peligro alguno.

Dejando el tema “cultureta” a un lado, todavía no nos explicamos como llegamos a Nehuentue (nombre que nos costó memorizar casi 4 días)… Un vendedor de helados en Carahue nos lo aconsejó, “¿por qué no? ” pensé, “Vamos a ambientar, Esther “, exclamó Gerardo a la par. Llegamos en un autobús repleto de escolares, ausente de turistas, siendo el centro de atención, y al bajar llovió, para no variar. Bajo el techo de una casa azul apareció un hombre con prisas diciéndonos “¿Buscais dónde dormir? Esperad aquí, pronto vendrá mi hermana y os acomodará por 3 ó 4 lucas.”  Se fue. Esperamos. “¿Queréis cama o un local vacío? ” nos ofreció otro señor con cierto aroma a alcohol. Cama, cama ” contestamos al unísono mientras le explicábamos nuestra situación. “¡Ah! ahí vive su hermana, en la casa donde está el palo.” Extrañados, nos dirigimos allí bajo la incesante lluvia, y así era, la casa del palo era nuestro improvisado alojamiento que acordamos finalmente por 3,5 lucas. Dormimos en una habitación de una niña, solos, sin calefacción… ¡un caos inexplicable!

La ropa que hay no es nuestra, ni tampoco el cachirulo del fondo en la cocina…

Cenemos y aclaremos qué vamos a hacer.” Ya de noche, lloviendo aún, claro, fuimos a la casa azul que resultó ser el restaurante de la hermana, cuyo menú para desayuno, comida y cenma era el mismo: pejerrey frito o choros al vapor… “Dos pejerrey, por favor, y una cerveza“, “ La cerveza en la taberna, allá, altiro. ” Taberna taberna. Taberna de pescadores, taberna de paredes impregnadas en vino, clientes de una edad que no se sostenían en pie, manchados de barro, que seguían bebiendo. Y el tabernero… con los ojos inyectados en sangre, sin duda podría haber sido un cliente más de no encontrarse tras la barra. “¿Una cerveza?“. Un parorama subrealista que parecía traído de una novela de drama. La gente acogedora, simpática, amable, sonriente, ¡pero tan distinta a los de la ciudad! Carteles de candidatos a la presidencia por todo el pequeño pueblo donde sus habitantes carecían de internet, algunos ni siquiera tenían TV, y muchos no sabían cuándo debían votar, eso sí Si no votás, te multan“. Increíble.

2 comentarios

  1. Tu pianista said,

    noviembre 24, 2009 a 5:02 pm

    Nunca pensé que sería capaz de engancharme a un blog y lo habéis conseguido. No es por lo que contáis que tambien vale la pena, sino por vosotros que “tiene tela” la ilusión que le ponéis al asunto. (¡Os lo explicaré!).
    besos y abrazos.

    • calurera said,

      noviembre 25, 2009 a 9:55 pm

      Espero que tengas tiempo de inventarte algo más interesante cuando regresemos a España porque hoy por teléfono no sonaba muy convincente! jajajajaja Un besazo enorme Bethoveen!


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