Bienvenidos a Bolivia

Entrar a Bolivia es como abrir una máquina del tiempo, alejándote de pronto de toda realidad conocida. Ante tus ojos se suceden imágenes que se aferran a tu retina, que se pegan en tu estómago formando un nudo y cerrándote la boca. El cerebro se fatiga intentando descifrar la lógica que conduce este país y sobreviene el cansancio, a menudo, antes de lo esperado.

Un perro bañado en un charco de sangre con la mirada perdida al bajar del autobús. A nadie parece importarle. Cientos de puestos en torno a las viejas vías del tren rodeados por un tráfico contaminado de un humo espeso y negro, del chillido de los autos, de los frenos, de la misma gente haciéndose escuchar. Los fiambres sobre una mesa, ausentes de higiene, se trocean con una sierra de carpintería por las mismas cholitas que más tarden las freirán con papas para su venta en bolsas ” a 10 pesitos, no más “. ¡Aquí se vende todo! Una niñita oferta la posibilidad de pesarte en una báscula casera por un pesito. Una viejecita amamantando a su bebé mientras vende coca tirada en el suelo entre el bulllicio de las calles… ¡Pronto nos daremos cuenta de que nos es imposible calcular la edad de esta gente! Ése fue nuestro recibimiento en Potosí, a 4 000 m de altura, donde las cuestas te roban el aire de tus propios pulmones.

Por primera vez en busca del turista, seguimos subiendo, pero las imágenes no dejan de sucederse: Tres retretes como tres asientos para tres mujeres dialogando en mitad de la calle. Un hombre acurrucado contra una pared se oculta entre la gente que pasea impasible royendo un hueso, tan sólo parecen percatarse dos perros que lo miran fijamente a un metro de distancia. Un cerdo camina a sus anchas buscando qué comer hasta dar con una bolsa de plástico vacía que identifica como un manjar. Un taxi pasa, nos pita, miramos, no para y nos hace los cuernos por la ventanilla.

Las fachadas de las casas sin pintar mostrando un esqueleto de ladrillos irregulares, siempre a medio hacer, para no pagar el impuesto completo de la construcción. Existe un abismo entre los precios bolivianos respecto a los de sus países vecinos… Habitación 15 pesos, internet 2 pesos la hora, un jugo de banana con leche 2,5 pesos, lavandería 10 pesos el kilo, menú con postre 12 pesos, el bus urbano 1 peso, e interurbano de 7 horas, 25 pesos. ¿Y cuánto es eso? bueno, calculad sabiendo que 1 euro son 10,40 bolivianos… Y no sólo los precios andan por los suelos, sino también la salud… Y es que no podemos negar que la “embestida boliviana” hizo mella en lo que creíamos hasta el momento una salud de hierro…

Por fin en el centro de la ciudad comprendemos que existe más de un motivo para el turismo: la casa de la moneda, la iglesia de Santa Teresa, las minas del Cerro Rico… e incluso pasear, para el que no se ahogue, por las calles empedradas y ya no tan caóticas.

Si Bolivia es otro mundo, entonces no me quedan palabras para definir lo que es la vida en las minas. Nuestro guía era un ex-minero de 29 años (cifra que al enterarnos nos dejó de piedra por el desgaste físico tan grande que sufría), y nos acompañaba un canadiense que había estado anteriormente un año trabajando en Sucre. En primer lugar, nos mostraron los materiales que a diario cada minero adquiere en el mercadito: hojas de coca, cigarros artesanales, una botella de alcohol puro y cartuchos de dinamita con su detonador. La coca la utilizan para no sentir el cansancio ni el hambre, además de servirles de referencia para las horas que han transcurrido en dependencia de la intensidad del sabor, pues carecen del indicador habitual: la luz solar. Los cigarros no están hechos con tabaco, sino con cáscara de naranja y otros ingredientes que sinceramente no recuerdo, y lejos de fumarlos por vicio, se requieren cuando hay escapes de  gases tóxicos ya que la densidad del humo compite con éstos evitando la intoxicación pues no llevan mascarilla. El alcohol puro es en realidad alcohol de 96º, el mismo que se utiliza para las heridas, y lo beben a la salud del ” Tío “, el dios de la mina, después de desparramar un poco por su cabeza, que les ayuda a encontrar buenos minerales, por sus hombros, confiriéndoles fuerza para transportar la carga, sobre los pies que les permite dar siempre con la salida, y sobre el pene, augurando fertilidad en sus familias… En cuanto a la dinamita, es obvio que sirve para abrirse camino en busca de los minerales. Conseguimos que Antonio,el guía, nos mostrara cómo se prepara un cartucho, ¡y ver en vivo y en directo una de las impresionantes explosiones a cielo abierto! (para los más intrépidos, hay un vídeo que no supimos colgar… )

Nos disfrazaron con el traje, las botas, el casco, el frontal y penetramos en aquel pozo sin fondo cada vez más estrecho, más profundo, más húmedo y más caliente conforme nos adentrábamos hacia el corazón de la mina. La tecnología que había era más bien escasa: contaban con unos cimientos de madera de eucalipto para evitar los derrumbes en las zonas de paso, unas cuerdas para descender a niveles inferiores, una especie de toboganes para descargar los sustratos hasta los vagones que llevaban empujando por los carriles hacia el exterior. En cuanto a la protección personal, es casi nulo su equipamiento. Sus peores enemigos son los derrumbes y el asbesto, que insidiosamente ejerce su efecto carcinógeno en el pulmón… Su calidad de vida disminuye por cada año trabajado en este lugar. Muchos iniciaron sus andanzas a una edad muy temprana ” 12 años tenía, señorita, cuando comencé a escavar aquí “, y su esperanza de vida es corta. ¿Y para cavar? Habitualmente con un cincel a golpe de martillo sobre la roca siguiendo “la vena del mineral” de estaño y plata principalmente, ya que los taladros se alquilan costando el aire a presión unos 100 bolivianos la hora (¡las puntas las tienen que aportar ellos mismos!)… teniendo en cuenta que su salario es completamente dependiente de la extracción del día y de la pureza del mineral y no de las horas que invierten en ello… Actualmente oscila entre unos 40 y 60 bolivianos diarios (4 ó 6 euros) con un total de 150 euros mensuales. ¡Lo más curioso es que todo depende de la bolsa de Londres: ahí fluctúan los precios! Siendo Bolivia uno de los países con más recursos naturales, en cambio no tienen la capacidad para purificar por completo estos minerales que extraen y deben ser procesados en sus países vecinos, como Perú por ejemplo, para venderlo finalmente a países del primer mundo donde se manufacturan y se revenden de nuevo… son quienes más beneficio sacan a costa de la explotación infrahumana de quienes realmente poseen esas riquezas… La historia de siempre, a la que lamentablemente, estamos tan acostumbrados que asimilamos como “lo normal”.

De ahí, nos encaminamos a un pueblecito cercano, llamado Miraflores, conocido entre los locales por las múltiples termas naturales. Con el fin de relajarnos y huír del sumidero… justo un Domingo… Ahí encontramos miles de familias disfrutando de su único día de fiesta semanal. Nos sorprendió ver a las mismas mujeres de los mercados, que habitualmente visten capa tras capa su camisita de puntillas, su pollera de colores (falda típica), el delantal, su enagua, sus medias de lana con dibujos de llamitas en los tobillos y su bombín… su pelo laaaaargo, neeeeegro, trenzado en dos coletas… muchas andaban tan sólo con la enagua, otras en bañador y ¡el gran espectáculo fueron un par de jovencitas que se aventuraron con un bikini!  Yo no me atreví a quitarme la camiseta. En un rinconcito los dos, con el agua ardiendo, observabamos el panorama tranquilamente mientras nos miraban igual de atónitos…

Por último preguntando preguntando descubrimos de dónde emanaba toda ese agua: del cráter de un volcán. Nos dirigimos hacia allí, que resultó ser menos concurrido pero más espectacular. Optamos incluso por embadurnarnos de barro queriendo creer que tendría algún efecto positivo sobre nuestra piel… no vimos resultados, pero nos divertimos.

3 comentarios

  1. nacho said,

    diciembre 12, 2009 a 4:08 pm

    gerardo eres mi idolo !!!

    animo con su aventura!!!

  2. Camino said,

    diciembre 15, 2009 a 11:50 pm

    De minera en ese pozo,q verlo antes de entrar,ese agujerín da miedo,no?’al menos impresiona…con esto y el Cerro Negro, poco se te puede poner por delante a ti ya!!jeje, y esa piscina de barro,me ha recordado al laguito ese caliente de Nica..”Ojo..?

    Un besazo a los 2,y si no os leo antes…FELIZ NAVIDAD EN PERÚ!!!!
    seguid felices, y trasmitirnoslo!!!!!muak

  3. Primo Guille said,

    diciembre 18, 2009 a 4:26 am

    Primor! Buenísima entrada, Esther, me ha encantado. Estas cogiendole un tono genial! Arriba con esa escritura! Y ya sabes, si vas a Perú, pregunta por la ayahuasca… perdón, quería decir La Dolores. Un beso fuerte.


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